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martes, 28 de febrero de 2017
El Metrò del Mare
http://www.metròdelmare.it/
El Metrò del Mare, un servicio
de transbordadores que comunica los pueblos del golfo y de la costa Amalfitana,
así como las islas de Ischia y Capri, es una tentadora alternativa para llegar
al lado de la Costiera Amalfitana. Sin embargo, nada como subir hasta la
localidad de Sant’Agata sui due Golfi y admirar, como su propio nombre indica,
los dos golfos al mismo tiempo, el de Nápoles y el de Salerno. Luego, curva a
curva, iremos bajando hasta la glamourosa Positano para comprarnos unas
sandalias a medida, cruzarnos con algún famoso del cine y contemplar las islas
de Li Galli, un pequeño archipiélago que fue propiedad del bailarín Rudolf
Nureyev (1938-1993).
moverse
La vista del golfo de Nápoles
es tan bella que los propios napolitanos, teniéndola todos los días, la definen
como mozzafiato, es decir, que corta la respiración.
De todas las cosas
maravillosas de este golfo, hay algo que lo distingue de los demás: el Vesubio
(1.281 m), el volcán prominente y solitario que gobierna el paisaje y la suerte
de sus habitantes desde la Antigüedad. La panorámica entusiasma más todavía si
se contempla desde el cráter, accesible por un camino desde la cota 1.000.
Subir hasta el borde de la caldera conduce primero a través del Parque Nacional
del Vesubio, recorriendo la ladera verde del monte Somma y pasando junto al
observatorio vulcanológico más antiguo del mundo, que desde 1841 vigila el
sueño del gigante.
A los pies del volcán se
distingue la Circumvesuviana, la línea de tren que comunica Nápoles con el
pueblo de Sorrento y que tiene parada en Pompeya (a 40 minutos)
Solo
unos metros separan la estación de Pompei Scavi del recinto arqueológico, de
manera que el visitante se encuentra inmerso en una ciudad del Imperio romano apenas
unos minutos después de haber bajado del tren. Las horas transcurren sin prisa
entre calles adoquinadas que conducen hasta templos y teatros, flanqueadas por
comercios, villas de patios decorados con mosaicos, baños públicos, tabernas...
Todo dispuesto como el día en que el Vesubio, en el año 79 d.C., lo cubrió bajo
un manto de cenizas.
El golfo de Nápoles era una
zona muy poblada y próspera en época romana, como demuestra la abundancia de
villas nobles dentro y fuera de Pompeya. Las ruinas de Herculano y Oplontis –
en las localidades de Ercolano y Torre Annunziata, respectivamente– maravillan
por el refinamiento de sus mosaicos y frescos, en especial los de la Villa de
Popea, en Oplontis.
Las vistas del golfo desde
esta última sedujeron en 1737 al rey Carlos de Nápoles (Carlos III de España)
de tal forma que decidió erigir allí una residencia estival, la Reggia di
Portici, y comenzar un año después las excavaciones del sitio de Pompeya.
Inspirados por el rey, muchos nobles napolitanos se construyeron magníficas
villas que darían a la zona el nombre de Il Miglio d’Oro (la Milla de Oro). Los
122 palacios componen ahora un interesante itinerario para seguir los trabajos
de los más importantes arquitectos italianos del XVIII, como Vanvitelli y
Ferdinando Fuga.
La costa sorrentina
Al llegar a la península
Sorrentina, la carretera sigue los pliegues de la montaña y se encarama sobre
el mar. El panorama abarca el golfo de Nápoles, con la ciudad al fondo y el
Vesubio emergiendo a la derecha. El primer pueblo que aparece en este tramo por
la Costiera Sorrentina es Castellammare di Stabia, que conserva varios palacios
del siglo XIX. Unos kilómetros más allá, en Vico Equense, podemos darnos
nuestro primer baño en uno de los magníficos «lidos», como se llama en Italia a
las playas privadas, o bien reservarse para los Bagni della Regina Giovanna,
una cala semiescondida entre las rocas del cabo Sorrento.
Sorrento es conocido por su
licor de limoncello (limón macerado en aguardiente) y también por su hotel
Excelsior Vittoria, cuyos jardines y verandas asomadas al golfo de Nápoles han
seducido a reyes, escritores y estrellas de Hollywood desde 1834.
El Metrò del Mare, un servicio
de transbordadores que comunica los pueblos del golfo y de la costa Amalfitana,
así como las islas de Ischia y Capri, es una tentadora alternativa para llegar
al lado de la Costiera Amalfitana. Sin embargo, nada como subir hasta la
localidad de Sant’Agata sui due Golfi y admirar, como su propio nombre indica,
los dos golfos al mismo tiempo, el de Nápoles y el de Salerno. Luego, curva a
curva, iremos bajando hasta la glamourosa Positano para comprarnos unas
sandalias a medida, cruzarnos con algún famoso del cine y contemplar las islas
de Li Galli, un pequeño archipiélago que fue propiedad del bailarín Rudolf
Nureyev (1938-1993).
A diez kilómetros, en Praiano,
la carretera se estrecha rumbo a Amalfi. De repente, aparece una vista
asombrosa: una serpiente de curvas, terrazas con limoneros cubiertos con telas
negras, rocas escarpadas llenas de vegetación, calas encajadas entre paredes de
roca… A lo lejos, como en una atalaya, se erige el núcleo de Amalfi. Su
importancia viene de lejos porque, ya entre los siglos IX y XI, fue una
república marinera tan importante como la Serenissima de Venecia y la de
Génova. El Duomo o Catedral, con su larga escalinata y su fachada a rayas,
reconstruida en el xix y con algunas partes medievales, se ha convertido en uno
de los emblemas artísticos de la región.
Los jardines de Parsifal
Muy cerca de Amalfi, a unos
cinco kilómetros, se sitúa la escarpada Ravello. Esta población es conocida por
su belleza de cuento y por el festival de música que celebra cada verano en los
jardines de villa Rufolo, allí donde Richard Wagner se inspiró para recrear los
jardines de Klingsor de su Parsifal y por donde los viajeros actuales pasean
buscando el porqué de tanta belleza.
los pueblos del golfo y de la
costa Amalfitana, así como las islas de Ischia y Capri, es una tentadora
alternativa para llegar al lado de la Costiera Amalfitana. Sin embargo, nada
como subir hasta la localidad de Sant’Agata sui due Golfi y admirar, como su
propio nombre indica, los dos golfos al mismo tiempo, el de Nápoles y el de
Salerno. Luego, curva a curva, iremos bajando hasta la glamourosa Positano para
comprarnos unas sandalias a medida, cruzarnos con algún famoso del cine y
contemplar las islas de Li Galli, un pequeño archipiélago que fue propiedad del
bailarín Rudolf Nureyev (1938-1993).
A diez kilómetros, en Praiano,
la carretera se estrecha rumbo a Amalfi. De repente, aparece una vista
asombrosa: una serpiente de curvas, terrazas con limoneros cubiertos con telas
negras, rocas escarpadas llenas de vegetación, calas encajadas entre paredes de
roca… A lo lejos, como en una atalaya, se erige el núcleo de Amalfi. Su
importancia viene de lejos porque, ya entre los siglos IX y XI, fue una
república marinera tan importante como la Serenissima de Venecia y la de
Génova. El Duomo o Catedral, con su larga escalinata y su fachada a rayas,
reconstruida en el xix y con algunas partes medievales, se ha convertido en uno
de los emblemas artísticos de la región.
Los jardines de Parsifal
Muy cerca de Amalfi, a unos
cinco kilómetros, se sitúa la escarpada Ravello. Esta población es conocida por
su belleza de cuento y por el festival de música que celebra cada verano en los
jardines de villa Rufolo, allí donde Richard Wagner se inspiró para recrear los
jardines de Klingsor de su Parsifal y por donde los viajeros actuales pasean
buscando el porqué de tanta belleza.
El último tramo de la Costiera
desciende hasta Cetara, un pueblito de pescadores donde se produce la colatura
d’ alici, una salsa líquida que resulta de macerar las anchoas y que combina a
las mil maravillas con un buen plato de pasta. La tradición culinaria de Cetara
se complementa con la cerámica de Vietri, el último pueblo de la Costiera
Amalfitana y el más cercano a Salerno. Sus jarrones y platos de flores, limones
y animales decoran las casas de la región de Campania con colores brillantes
que son como reflejos de la alegre luz de esta porción de Mediterráneo.
La autopisata A3 de Nápoles a Salerno pasa por Pompeya
la carretera 163 discurre por la costaAmalfitana
TREN:
- El Circumvesuviano recorre la península de Sorrento desde Nápoles;
- la línea Nápoles-Salerno conecta con Pompeya y la Costa Amalfitana
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